¿Por qué dibujar una flor?

por Roberta Pucci y Suzanne Axelsson – Traducciòn de Simonetta Cittadini

 

A menudo, en los servicios de educación infantil, se propone una actividad de dibujo similar a la de la foto de arriba, quizás con diferentes variaciones: una flor u otro elemento vegetal en el centro de la mesa, una selección de herramientas artísticas para dibujar y algunas hojas de papel distribuido en las distintas estaciones. ¿Qué piensas? ¿Cómo deducir que esta es una propuesta interesante y “buena” para los niños?

La tesis, quizás un poco provocadora, de este artículo es que no es posible establecerla con solo mirar una foto, es decir, independientemente del conocimiento del contexto en el que se sitúa la propuesta.

¿Por qué dibujar una flor, cuáles son las razones de la elección? ¿Cuál es la relación entre los niños y esa flor? ¿Y por qué precisamente esos materiales para diseñarlo?

En el caso de que la flor resulte ser un tema importante para los niños, deberíamos investigar más a fondo: ¿qué historia o interés en particular desencadenó la relación? Si el interés, por ejemplo, se centra en las tonalidades de color, quizás la elección de los rotuladores no sea muy adecuada: los niños podrían explorar la mezcla de colores con materiales líquidos más adecuados para crear tonalidades, como temple, acuarelas o quizás pasteles al óleo.


Si, por el contrario, la atención parece centrarse en la forma, entonces quizás un lápiz sea suficiente para favorecer la investigación formal. Una selección específica y limitada de materiales también puede ser útil en el caso de dificultades particulares, por ejemplo, para responder a la necesidad de “contención” de un niño hiperactivo o para dar una sensación de “protección” y “frontera” cuando la presencia de demasiados estímulos es perturbador.

Por el contrario, dejando todos los materiales a disposición de los niños, se desencadenará un tipo de investigación completamente diferente que favorece la interpretación subjetiva.

Ninguna elección es neutral, pero al mismo tiempo, ni buena ni mala en sí misma. ¿Somos conscientes, por tanto, de cómo nuestras propuestas inciden en los procesos?

Además de la observación, el diálogo y la relación empática con los niños, una herramienta fundamental para orientarnos en este sentido es el conocimiento de los materiales: conocimiento concreto, experiencial, que nos permite el “lujo” de jugar y experimentar con materiales en primera persona antes de ofrecer ellos a los niños.

Ciertamente, el componente estético de la propuesta también es un aspecto importante, pero la propuesta más “hermosa” y cautivadora no será significativa para el niño si no se conecta con sus antecedentes y experiencia.

Le invitamos a compartir su experiencia: ¿cuáles fueron las razones de la elección y cuáles fueron las respuestas de los niños?

 

Este artículo nació de una comparación entre Suzanne y Roberta a partir de una idea del post En lugar de 100 está ahí. La publicación forma parte del proyecto Grammar of Drawing sobre el lenguaje expresivo del dibujo, en una colaboración entre Suzanne Axelsson, Nona Orbach and Roberta Pucci.

Este texto ha sido traducido a 5 idiomas:

A Flower Provocation

by Roberta Pucci and Suzanne Axelsson


Have a look at the photo below: it shows a set-up or “provocation” that is sometimes offered to children in preschools, generally associated with the Reggio approach. What is your first impression? My opinion is we can’t state it was effective or interesting for children if we know nothing about the context the proposal was offered within.

Why suggest drawing a flower to children? What was the relationship between the children and that flower? And then, according to the answers, why choose those specific drawing tools?

If I have reached the point where a flower is to be drawn, then I would observe with the children first. If the observation shows that the children are interested in the different shades of the flowers, then I would probably not use pens but allow them to mix colours themselves, with more appropriate art materials (like tempera, water colors or even oil pastels or plasticine).


If the interest was the form, then maybe just an ordinary pencil, so the focus was seeing size and shape rather than colour. Or I would just let the children interpret the flower themselves – choose different art materials if they want, because maybe it’s about enjoying the interpretation instead.

If the purpose is to support a child who is struggling with art or communication or some other particular need, a suggestion might be suitable: when a limited choice can be of benefit and offer a necessary structure… but then it is a specific support of helping a child to learn how to select when they are easily overwhelmed, with this structure being removed when they no longer need it.

Thus, every choice is not good or bad in itself.

Beauty, the aesthetics, is also an important aspect, but a beautiful looking proposal can not enable a meaningful process if it does not connect to the real experience of the child.

You are welcome to share your experiences about similar proposals of a drawing setting with a flower (or vegetable subject): why did you choose it? How did the children react?


This post was inspired by the interaction between Roberta and Suzanne, in reaction to Roberta’s post The 100 is there.


It is available in five languages as part of the Grammar of Drawing project, in a collaboration between Suzanne Axelsson, Nona Orbach and Roberta Pucci:

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